SECRETOS, PRUEBAS CIENTÍFICAS




Metafóricamente hablando, solemos referirnos a los secretos como pesados fardos que debemos llevar sobre nuestras espaldas durante algún tiempo o, en ocasiones, por toda la vida. Sin embargo, ahora nuevos estudios indican que realmente los secretos afectan nuestras percepciones y acciones convirtiéndose en verdaderas cargas.

Un primer estudio se realizó reclutando voluntarios online. A algunos se les pidió que contaran un gran secreto mientras a otros se les pidió que revelaran un secreto nimio. Posteriormente, todos debían evaluar cuán difícil de subir sería una montaña que aparecía en una imagen. Como ya podrán presuponer, las personas que recordaron un gran secreto imaginaron que sería más difícil escalar la montaña, justo como si debieran llevar un gran peso que les dificultara la subida.

Un segundo estudio arrojó resultados bastante singulares. En esta ocasión se reclutaron a 36 personas. Al igual que en el experimento anterior, a la mitad de los participantes se les pidió que recordaran un secreto sin importancia mientras al resto se les pidió que trajeran a su memoria un secreto importante. A continuación, cada persona debía tirar una pelota.

Esta vez, quienes recordaron un secreto importante tiraron la pelota más lejos, como si deseasen alejar de sí lo más posible el recuerdo que les habían hecho evocar. De hecho, no es la primera vez que en el mundo de la Psicología se relaciona el compromiso emocional y la distancia física. De hecho, ya se conocía que mientras más comprometidos estamos en una situación, menos somos capaces de estimar las distancias físicas.

En un último experimento, estos investigadores reclutaron a 40 personas que le habían sido infieles recientemente a sus parejas y les pidieron que indicaran en una escala cuán pesadas les resultaban una serie de tareas cotidianas como subir unas escaleras con las compras en la mano.

Una vez más, se apreció que quienes habían reconocido que su comportamiento infiel era un secreto molesto y recurrente en sus mentes, puntuaban las actividades cotidianas como más agotadoras.


En este punto no quedan dudas de que los secretos suponen un pesado fardo mental que termina por agotarnos física y psicológicamente. Por eso cualquier actividad nos resulta más agotadora de lo común. Por supuesto, la solución para deshacernos de esta carga sería bastante sencilla: contar/te el secreto y MEJOR si lo escribes  (siempre puedes destruirlo luego para que jamás se conozca).

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